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Blanco Valdés en las jornadas de la UNED: "No va a haber sustitución de los partidos políticos. Vamos a vivir una democracia desorganizada, de inestabilidad general"

10 de abril de 2019

José Agustín González-Ares defendió reformar la Constitución "con lealtad, generosidad y sin miedo", aunque ahora no sea el momento oportuno; Jesús Manuel García dijo que "las noticias falsas pueden debilitar la democracia" y Noa Ferreiro, hablando de juicios paralelos, expuso que "la sociedad no puede subrogarse en la posición del juez, pues lo que periodísticamente puede ser relevante, en términos penales no tiene relevancia" 

OURENSE, 10 de abril de 2019.- En el Centro Cultural Marcos Valcárcel de Ourense, se están desarrollando con gran interés las jornadas Luces y Sombras del Sistema Constitucional español, organizadas por la UNED. El director del Centro Asociado, Jesús Manuel García Díaz, inauguró las sesiones, que se extenderán hasta el jueves, 11 de abril. Agradeció la colaboración de la Diputación Provincial de Ourense por facilitar el salón y recordó a los asistentes la frase de Fernando Savater que dice que “vivir en democracia es resignarnos a compartir nuestra libertad con los demás. Y si así podemos seguir otros cuarenta años sin conflictos mayores entre nosotros, bendita sea nuestra Constitución”. El director animó a todos a aprovechar bien las jornadas “para crecer en conocimiento y más en estos tiempos de posverdad, en los que lo que menos importa es precisamente eso, el conocimiento bien cimentado”. Esta primerta jornada resultó muy completa con las cuatro intervenciones de Roberto Blanco Valdés, José Agustín González-Ares, Jesús Manuel García y Noa Ferreiro Ávila.

El primero en intervenir fue el catedrático de la USC, Roberto Blanco Valdés, que habló de la historia de los partidos políticos para ver si continúan siendo instrumentos representativos de la voluntad popular. “Los partidos políticos son elementos fundamentales del sistema democrático pero tienen muy mala fama”, señaló este profesor, experto en el tema. “Cuando nacieron a finales del siglo XVIII  tenían una fama horrible”, añadió. El doctor Blanco Valdés dijo que en nuestros días la crítica más frecuente que se hace a los partidos es que “van a lo suyo y sacrifican el interés general, esta es la idea más extendida”. Citó varias categorías de estas agrupaciones: partidos de notables, partidos atrapalotodo, en este caso son aquellos que se dirigen a amplias masas, a todo el mundo. Estos surgirían en los años 60 del pasado siglo. Y otra categoría: el partido profesional electoral, de profesionales de la política que están trabajando en ella desde jóvenes. Esos profesionales de la política, señaló el ponente, “son los que mandan en todos los partidos”.

Roberto Blanco observa que “en los años 90 los partidos eran elementos de prestigio en Europa, pues habían luchado contra el fascismo por la democracia tras la Segunda Guerra Mundial”. La primera señal de alarma se produjo con la llegada al poder de Margaret Thatcher. A partir de ahí seguiría la caída en la participación electoral, la caída de la afiliación partidista y lo que Blanco Valdés denomina la “suspensión voluntaria de la incredulidad”. Es necesario que suspendamos la incredulidad para que la democracia funcione, pero la gente deja de creer cuando la diferencia entre lo real y lo que muestran los políticos es grande. “Nadie ha hecho tanto daño a la democracia como el dinero, la corrupción y la crisis fiscal de los Estados al no poder mantener servicios públicos”.

Roberto Blanco citó el surgimiento del populismo, “que reaparece, no aparece”, precisó, pues ya había estado presente en el nazismo y en el fascismo. Su ideología es muy simple: “sostienen que el pueblo es bueno y que los políticos son todos malos; acaban con los políticos y dicen que todos los problemas del Estado tienen una solución fácil”. A continuación el ponente se preguntó si hay alternativa a los partidos: “No va a haber sustitución de los partidos, vamos a seguir teniendo democracia, pero una democracia desorganizada, y que va a dar problemas, inestabilidad general. Estamos en el trastorno más que en la mejora”. Y remató: “La democracia es indestructible, pero nos tendrá en permanente situación de inestabilidad”, por esa situación de aparición de nuevos partidos a partir del año 2015.

Reforma de la Constitución

Otro ponente, el profesor de la Uvigo, José Agustín González-Ares, expuso su punto de vista sobre la necesidad de reformar la Constitución. “La Constitución de 1978 ha propiciado los mejores años en España porque es la mejor Constitución que hemos tenido. Estamos ante una buena Constitución”. González-Ares añadió que es un texto pactado, no impuesto “y entierra el famoso trágala”. “No es la Constitución de la Transición, este es un gran error”, insistió el ponente. “Es hoy el instrumento normativo que nos ha permitido a todos juntos afrontar el futuro con serenidad y con esperanza”, manifestó para recordar que España ha tenido una transformación total en cuarenta años que se ha dado en el marco constitucional. 

 González-Ares declaró que le extraña que la sociedad española no pueda superar con nota la reforma de la Constitución, “precisamente su Título X recoge la reforma”. En cuanto a las líneas de reforma, el doctor González-Ares citó la conversión de derechos subjetivos algunos principios rectores de la política económica; definir un mismo ámbito de negociación colectiva, reformar el artículo 57 de sucesión en el Trono”. Este ponente declaró que los ataques a la Monarquía “no son justificables, con el fin de promover un cambio de régimen”. Añadió que en esa reforma hay que procurar “un modelo territorial sólido, que haga más difícil su deslegitimización”, reformar el Senado, “renovar los pactos lingüísticos, el sistema electoral haciéndolo más representativo; descentralizar la autonomía judicial, incorporar el Derecho europeo” además de reformar la iniciativa legislativa e incluir “el lenguaje de género”. La reforma, dice el ponente, “hay que abordarla con lealtad, generosidad y sin miedo”.

Pero, aún viendo necesario reformar la Constitución, el profesor González-Ares precisó que no nos encontramos actualmente en el momento propicio para semejante tarea.  Él argumentó que la Carta Magna no es un texto incuestionable y que su reforma en profundidad no puede, en ningún caso, dar lugar a un texto distinto en su esencia. Tal reforma exigirá, según el doctor González-Ares, “designar una comisión constitucional amplia de la sociedad, tratando de llegar al mayor consenso posible. Urge reformar sin exclusiones, sin voracidad de poder, sin aislar al adversario y nunca de espaldas al pueblo. El consenso sería positivo pero no puede sustituir las mayorías que recoge la Constitución”. De no efectuarse la reforma, “corremos el riesgo de reproducir errores del pasado donde no ha habido reforma”, señaló, poniendo ejemplos de otros países donde la reforma de sus constituciones se hizo en numerosas ocasiones: “En Austria más de 100 revisiones; en Alemania, más de 60; en Irlanda más de 30; en Francia 25 y en Portugal, 7”. 

Fakenews y posverdad  

Otra cuestión a tratar en la primera jornada fue la de si las noticias falsas y la posverdad pueden hacer peligrar la democracia. De ello disertó el director del Centro Asociado a la UNED en Ourense, Jesús Manuel García Díaz. Desde un punto de vista jurídico, la Constitución Española dispone, en su art. 20.1, apartado d, que “se reconoce el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades. El Derecho a la libertad de información es un derecho fundamental. Una sociedad no es democrática si no existe libertad de prensa, en definitiva, libertad para informar y para escoger la información que se recibe. Se trata de una constatación del pluralismo político que consagra la propia Constitución. La importancia de este derecho es que trasciende nuestras fronteras y viene consolidándose en tratados y acuerdos internacionales de los que España forma parte”

El doctor García Díaz recordó que el término posverdad lo empleó Steve Teisch en 1992 para comparar la ocultación de los hechos del caso Watergate con la guerra de Irak, y más tarde fue desarrollado por el sociólogo Ralph Keyes, en 2004, para referirse al proceso de manipulación creativa de la verdad, embellecida y configurada al gusto de las audiencias. “Posverdad que también es definida como mentira emotiva”, dijo. El ponente citó a varios autores que reflexionan sobre esta cuestión, por ejemplo, Timothy Snyder, según el cual “la posverdad es prefascismo; nos estará intentando ablandar para lo que venga después. Como remata McIntyre, una vez que ya no sabemos en qué creer, se puede aprovechar esta situación, dado que se ha conseguido que la ciudadanía desconfíe de todas las fuentes de información”.

“Las fakenews triunfan porque para la mayoría de los ciudadanos no es fácil distinguir una noticia falsa de otra verdadera. Los hacedores de fakenews saben muy bien cómo actuamos cuando nos asomamos a Internet: solo leemos titulares y si alguno de ellos nos llama la atención, compartimos esa noticia que vemos y creemos, aunque sea un fake”.

En la actualidad, gracias a Internet, cualquier persona puede hacer que lo que escribe y publica sea visto en cualquier parte del planeta. García Díaz dijo que las redes sociales provocan la comunicación de muchos a muchos. “Cualquier acontecimiento puede ser publicado y hacerse viral aunque las empresas clásicas de comunicación no lo hagan público. Siguiendo a Ferrán Sáez Mateu, profesor titular de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales de la Universidad Ramon Llull de Barcelona, vivimos en un paisaje de pantallas, en el que a unos milímetros de nuestro dedo, existe un mundo en el que coexisten las cosas-ciertas-pero-desagradables con las cosas-falsas-pero-emocionalmente satisfactorias. Esa disyuntiva que se ha dado siempre es probable que nunca fuera tan resolutiva e inmediata como hoy”.

Una gran cantidad de noticias falsas en las elecciones de los Estados Unidos en el año 2016 se originaron en los Balcanes. “Trump, en su primer año en el cargo como presidente quiso sacar partido utilizando noticias falsas para sus propios fines, calificando cualquier cosa que no quisiera creer, como falsa”, recordó el ponente. García Díaz manifestó que lo que menos importa en la postmodernidad es la verdad, pues siguiendo Ken Wilber, escritor y filósofo estadounidense, “en la posmodernidad la verdad no existe. No hay diferencia entre hecho y ficción; noticia y relato, o dato y fantasía. Para el pensamiento posmoderno, no hay una perspectiva universalmente válida dado que todo conocimiento depende de la cultura y se basa en una interpretación hecha desde una perspectiva privilegiada, considerada opresiva. Como hemos visto en Trump, los posmodernos creen que todo conocimiento excepto el suyo, depende del contexto. Todo conocimiento menos el suyo, es interpretativo y el de ellos está sólidamente forjado”.

Entre otros trabajos de interés, el doctor García Díaz mencionó el de Cristina Pauner Chulvi, de la Universidad Jaume I, que advierte que el peligro de las noticias falsas distribuidas por la Redu provoca “una sociedad incapaz de ponerse de acuerdo sobre hechos básicos y esto impide construir una democracia funcional. La desinformación afecta directamente a los fundamentos de las sociedades democráticas que se construyen sobre la presunción de que sus ciudadanos toman decisiones informadas en el momento de acudir a las urnas. La gravedad de esta amenaza es motivo de preocupación a nivel mundial”.

Y si el caso Trump es un fruto de la posverdad, no menos lo es el de las informaciones falsas relacionadas con el proceso independentista catalán. Así, el ponente citó cómo, en referencia al referéndum del 1 de octubre de 2018 en Cataluña, se hizo un análisis por parte de Óscar Coromina, profesor asociado de la UAB y Adrián Padilla, técnico de apoyo a la investigación de esa universidad, de las desinformaciones detectadas por Maldito Bulo. De las 52 desinformaciones contrastadas por Maldito Bulo, el 67% formaban parte de la narrativa independentista, mientras que un 33% corresponde a una narrativa unionista. Según estos resultados, el independentismo recurrió con más frecuencia a las desinformaciones para apoyar su discurso. García Díaz citó a otro autor, David Alandete, que sostiene que la independencia catalana “es un pretexto, un hecho noticioso que ocurrió en un momento adecuado para que una maquinaria ya experimentada en batallas políticas en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia e Italia pasara a operar también en España. Las noticias falsas rusas se apoyan sobre una situación conflictiva y amplifican el mensaje de una de las partes, siempre la que más coincide con sus intereses”. En Cataluña, señaló el ponente parafraseando el citado autor, esa maquinaria topó con un amplio aparato de mitos y fantasías disfrazados tanto de noticias como de documentales, libros de texto y de Historia, de acuerdo con un plan diseñado desde las élites políticas catalanas y puesto en marcha con rigor y éxito desde el Programa 2000 del president Pujol. “A Rusia lo que menos le interesaba era Cataluña, mas el despliegue de desinformación lo hizo en esta zona conflictiva de la Península Ibérica para, al crear discordia en Cataluña, debilitar a un Estado miembro de la OTAN”. La independencia de Cataluña pivota, expuso García, sobre un principio falso, pues, coincidiendo  con la catedrática de la Universidad  Autónoma de Barcelona, Teresa Freixes, “dicho principio dice que la democracia esté por encima de la Ley, que el pueblo puede hacer lo que quiera, a pesar de lo que diga la legalidad, pero como se trata de un concepto de la posverdad, es un concepto falso por la sencilla razón de que la democracia sin ley no existe y no hay ley sin democracia”.

Otro fruto de la posverdad es el Brexit. Y así el ponente relató cómo sus defensores no tuvieron problema en admitir que habían sostenido tales ideas porque lo que realmente importa no son los hechos sino aquello en lo que creemos. Pues nadie se explica cómo un país como el Reino Unido, con su alto nivel de vida y su tradición democrática pudo votar sin saber lo que estaba votando. Y menudo problema está causando entre sus ciudadanos. “Vemos, pues cómo en la cultura de la posverdad es un factor decisivo el narcisismo, es decir, lo que yo quiero que sea verdad acaba convirtiéndose en verdad porque yo lo digo”, remató el director del Centro Asociado a la UNED en Ourense. 

 Juicios paralelos 

La jornada del martes remató con la intervención de Noa Ferreiro Ávila, graduada en Derecho por la Universidad, con un amplio historial académico en másteres, investigadora de la fiscalidad de la Iglesia y doctoranda en una tesis sobre partidos políticos. Disertó sobre los juicios paralelos intentando responder a la pregunta acerca de si se dan para informar o para ganar audiencia. “Es inevitable la existencia de juicios paralelos, como manifestación del derecho fundamental a la libertad de información. La información es un pilar fundamental de la democracia y los ciudadanos deben observar el correcto funcionamiento de sus instituciones”, dijo, para añadir que, con todo, existen fricciones entre las informaciones vertidas y la creación de opinión con la presunción de inocencia, la vulneración del secreto de sumario, el conflicto con el derecho al honor, a la intimidad y la propia imagen, la confusión entre noticia veraz y verdadera y la tergiversación del contenido de las informaciones sobre distintos procedimientos”. Ávila Ferreiro manifestó que las informaciones parciales, sesgadas o la propia confusión entre libertad de expresión y libertad de información “provocan un caldo de cultivo que, en ocasiones, crea una perspectiva muy negativa sobre la justicia y las leyes. Este hecho tiene consecuencias en la independencia judicial y en la política criminal, entre otros”. Así considera que una de las propuestas para hacer de enlace entre la justicia y la opinión pública, y evitar manipulaciones, “es la creación de una figura intermedia, que ofrezca datos rigurosos de la investigación (dentro del respeto a los derechos fundamentales)”. Insistió la ponente en que la sociedad no puede subrogarse en la posición del juez, pues lo que periodísticamente puede ser relevante, en términos penales no tiene relevancia.

 

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